A dos décadas del fin de la dictadura y con miles de crímenes de lesa humanidad pendientes de justicia, en democracia, sin Pinochet pero con el caso Riggs aun pendiente, una breve pero ilustrativa entrevista del embajador de Chile en Argentina da luces sobre el estado del arte del entendimiento de la derecha sobre la historia inmediata de la dictadura; sobre un difícil y aún entonces pendiente reconocimiento del significado de los horrorosos crímenes legados por Pinochet. La entrevista del embajador es un testimonio, un documento.

La presidenta Cristina Fernández probablemente ha observado con preocupación las expresiones donde el embajador Otero relativiza valores de DDHH caros a la presidenta de un país donde los asuntos relativos a los crímenes de la dictadura se llevan de forma más clara que en Chile.

Ideas fijas acerca de las bondades de la dictadura de la elite política de derecha no representan, como lo ilustra este caso, el sentir del país. Miguel Otero se presentó en la entrevista tal cual es. No hay error ni de salida de contexto. El contraste no podría ser más claro - si se piensa en el gobierno de Michelle Bachelet.

Las palabras del embajador son un desafío. Deterioran el proceso de desarrollo político del país.

Tampoco bastan las mínimas declaraciones del canciller para superarlas. Para no quedar en entredicho el gobierno podría aclarar primero su propia postura.

Los grandes temas de la humanidad requieren de declaraciones, principios y testimonios claros.